En una reunión con amigos esta semana apareció el tema vocacional como objeto de reflexión.
Eramos 12 hombres y mujeres, y creo que en todos podría decir que había una
vocación pública o política, cada cual o cada pareja con un nivel de explicitud distinto.
Me quedé pensando por qué estaba esto tan presente, habiendo en ese grupo abogados, ingenieros, kinesiólogos, administradores de empresas, comunicadores, psicopedagogos... una linda mezcla. Todos más o menos estábamos con lo mismo dando vueltas en la cabeza. Todos teníamos experiencia ya concreta de varios años (más de 5) haciendo trabajo social.
Todos parecíamos apuntar a más, profundizar esa vocación un poco más.
La realidad del país es la razón.
No me acuerdo dónde lo leí o si fue una idea mía de hace mucho tiempo, que a propósito de esto volví a revivir, pero la
vocación entiendo que tiene 3 fuentes que conviven en nosotros.
En primer lugar,
un llamado concreto pero trascendente. Como yo lo entiendo: una llamado claro de Dios a una función determinada. Pienso, por ejemplo, en la vocación sacerdotal.
Para los que prefieren pensarlo de otra manera, es algo así como un convencimiento de que tengo que llevar algo adelante, por más que no me vea capaz, por más que inicialmente no tenga ganas de hacerlo... pero la realidad lo hace patente, como si me estuviera pidiendo a gritos que siga ese camino.